Reflexiones

Amor y lenguaje

Cuando se intenta dimensionar el Amor de Dios la razón y el arte se quedan sin aliento. Ese querer atraparlo con palabras y traducirlo o interpretarlo, ese desear ponerle nombre a lo inasible. Desborda por completo. No alcanza el Cantar de los Cantares con la implícita verdad y sabiduría de los amantes. Tampoco alcanza la poesía escrita es su totalidad por la humanidad entera en toda su historia.


Frente a su inmensidad, cualquier metáfora resulta tibia y los poemas más hondos se descubren incompletos. Nada de nuestro lenguaje humano alcanza para decir el Amor de Dios.

Ante la magnitud de este don, todos nuestros esfuerzos se agotan a las primeras palabras. La gramática del mundo no está hecha para contener lo infinito. No existe un lenguaje conocido que celebre la Gracia más que la Gracia misma.

El Amor de Dios –que es Amor– es una experiencia viva que supera cualquier intento de explicación atada al pensamiento, sea este más o menos sutil, más o menos erudito. Ninguna teología ha podido explicar la trascendencia que lo habita.

La justicia del Amor se implanta allí donde el amor nace. No hay nada en este mundo que pueda con ella. Porque nace en y del amor mismo. Y juntos son en sí mismos también lo necesario, que es la Verdad viva, donde nace y se levanta la Paz.

Compartir este contenido:

Leer reflexión completa