Como en toda reflexión, hay algo del testimonio personal –muchas veces doliente– de quien se anima a asomar la cabeza con consciencia profética y decir algo para que, mínimamente, resuene en el corazón de alguien.
Hace ya seis años, un obispo me dio ese título que guardé con el entusiasmo de quien se siente aceptada, acompañada y alentada en este camino que las mujeres muchas veces hilvanamos con letras, y otras, bordamos con lágrimas.
Siempre caen las mismas preguntas y la misma afirmación. Si María no hubiera abierto la boca para dar su Sí, no habría nadie en todo el mundo juntándose en el nombre de Jesús. ¿Qué hubieran hecho los hombres sin ella? ¿Y quién hablaría de Jesucristo vivo, muerto y resucitado sin el grito de María Magdalena?
¿Qué sería de nuestro hoy de muertes por femicidio, jóvenes violentadas y trata, si no hubiera mujeres dispuestas a reclamar justicia como lo hacen de diversas maneras en el mundo entero?
Nota completa en el link.